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Muchas veces identificamos la Cuaresma con un tiempo de renuncias, de mortificación y ayuno. Cuando olvidamos que nuestras renuncias son derivadas de una elección, pierden su sentido. Te invito a elegir lo que te conduzca al Amor.

-Claudia Morales Cueto

 

En el último año hemos tenido que renunciar a muchas cosas: a salir cuando queremos, a las reuniones con amigos, a comidas familiares, viajes… También hemos sufrido pérdidas, ya sea económicas, de salud, de seres queridos. Esto me hizo reflexionar en el sentido de las renuncias y el sentido de la Cuaresma. Recordé que cuando comencé a estudiar la carrera de Comunicación, un profesor nos dijo una frase que me hizo pensar: “Elegir es renunciar a todo lo demás”. A los 18 años, esa frase realmente me impactó. Ahora, muchos años después, pienso que renunciar es también elegir hacia dónde queremos avanzar, cómo queremos vivir. Ese es el sentido positivo de la renuncia.

Mira el video de la clase en este enlace.

¿Cuál es la mejor penitencia?

“En demasiadas penitencias, ya sabéis que os voy a la mano (os freno), porque pueden hacer daño a la salud si no son con discreción”.

– C15,3

La Iglesia nos invita a ayunar en la Cuaresma. Recuerdo que de niña no me gustaba mucho el pescado, así que la vigilia de los viernes me costaba. Para otras personas puede ser la oportunidad de preparar platillos que no comen el resto del año. Pero ¿cuál es el sentido del ayuno? El primer domingo de Cuaresma, Jesús nos invita a ir con Él al desierto, un lugar de silencio, soledad y privación. Si leemos ese pasaje en los evangelios, podemos contactar con el verdadero sentido del ayuno: renunciar a algo que me gusta o que hago por costumbre, me puede ayudar a conocerme mejor y a darme cuenta de mi realidad.

Santa Teresa nos propone que en lugar de buscar renuncias estériles y sin sentido, como dejar de comer chocolates o dejar de comer carne, renunciemos a nuestros vicios y practiquemos las virtudes. Nuestra santa es realmente una verdadera pedagoga, conoce la realidad humana y sabe que nos cuesta menos dejar una comida que nos gusta, que dejar de “comer” gente, dejar de juzgar a los demás. En las 6M1, expresamente dice que, al juzgar o murmurar, los amigos más cercanos muchas veces son los que “dan el mejor bocado”, porque nos conocen más. Como buena maestra y animadora, sabe que no podemos renunciar a nuestras costumbres si no ponemos los ojos en la meta: la práctica de las virtudes nos ayudará a unir nuestra voluntad a la de Dios. 

¿Qué es la virtud?

”Aunque nunca la definió, virtud es aquella actitud que, hecha vida, favorece la entrega de toda la persona a la voluntad de Dios”.

– P. Antonio Más Arrondo

¿Cuáles son las actitudes o virtudes que podrían acercarte a Dios en esta Cuaresma? En su propio itinerario, lleno de dificultades como narra en el libro de la Vida, santa Teresa descubre que como cristianos debemos ir por el camino que nos enseña Jesús, entregando nuestra voluntad a Dios. ¿Y qué es lo que Dios quiere? Que nuestra vida sea una expresión de su amor, que lo amemos a Él amando al prójimo.

“Acá solas estas dos que nos pide el Señor: amor de su Majestad y del prójimo, es en lo que hemos de trabajar”.

-5M3,7

La vida espiritual no se basa en sentimientos o devociones, sino en las virtudes. Hay que actuar “para ayudar a crecer las virtudes” (V12,2).

Una trilogía teresiana

La virtud por excelencia es el amor al prójimo, que requiere de humildad y desasimiento.

“No puedo yo entender cómo haya ni pueda haber humildad sin amor, ni amor sin humildad, ni es posible estar estas dos virtudes sin gran desasimiento de todo lo criado”.

– C16, 2

Humildad es andar en verdad

Santa Teresa define la humildad como “andar en verdad” (6M10,7). Conocernos a la luz de Dios exige una actitud humilde y sincera, para descubrirnos como criaturas, como sus hijos; para reconocer nuestras limitaciones y también nuestros talentos. La humildad nos ayuda a sabernos pequeños, con la grandeza de ser hijos de Dios, con la posibilidad de comunicarnos con Él. Es una actitud teologal y, también, una actitud antropológica, pues si todos los hombres hemos sido creados con la misma dignidad, mi trato con los demás no puede ser desde la superioridad o la inferioridad, sino desde la equidad.

La virtud de la humildad nos ayuda a disponernos, a  pedir al Señor que nos cure de nuestro amor propio, nuestro egoísmo, de la dureza de corazón… y dejarnos trabajar por Él. La renuncia es a la dureza de corazón, dejándonos encender por el fuego del Amor de Dios.

Amor

En el Camino de perfección santa Teresa nos explica con detalle que hay muchas cosas a las que se les da el nombre de “amor” sin serlo, como el romanticismo, la dependencia emocional o la atracción física. Como principiantes en la oración-amistad con Jesús, muchas veces tropezamos y se nos dificulta la práctica del amor. Nos confundimos porque pensamos que con nuestro pequeño amor humano podremos amar a todos con perfección. Hoy te invito a pensarlo de una nueva manera: santa Teresa es una gran profeta del amor de Dios, porque primero se dejó amar por Él. La oración es la cita con Jesús, el Amigo Verdadero, para dejarnos amar por Él. Solo así podremos ser portadores de su Amor para el mundo.

“El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado”.

– Rom 5,5

Sólo dejándonos amar por Dios podremos transformarnos:

“El hombre no segrega connaturalmente abnegación, desinterés, solidaridad fraterna; no puede extraer de su interior la generosidad del amor gratuito, la capacidad para la entrega de la vida, el coraje para la esperanza, en las situaciones desesperadas. Todas esas actitudes … nos son accesibles tan solo desde la vida nueva de Cristo resucitado”.

– J.L. Ruiz de la Peña

¿Cómo podemos amar a todos?

“Quizá no sabemos qué es amar, y no me espantaré mucho; porque no está en el mayor gusto, sino en la mayor determinación de desear contentar en todo a Dios y procurar, en cuanto pudiéremos, no le ofender, y rogarle que vaya siempre adelante la honra y gloria de su Hijo y el aumento de la Iglesia Católica”.

– 4M1,7

Otra de las confusiones que tenemos al querer amar a todos, es dejar de pensar en personas concretas con necesidades concretas. El amor se convierte entonces en una idea, una frase que decimos sin implicarnos realmente con la vida. Jesús no nos ama “en masa”. Nuestra relación con Él es de persona a persona, nos ama a todos y a cada uno. Para Jesús, cada persona es una perla valiosísima, su tesoro. Es algo frecuente en los buscadores espirituales: cuidar que el momento de la oración sea “perfecto”, de grandes ensimismamientos que no se proyectan a la vida real. por eso santa Teresa lo aclara:

Cuando yo veo almas muy diligentes a entender la oración que tienen y muy encapotadas cuando están en ella, que parece no se osan bullir ni menear el pensamiento porque no se les vaya un poquito de gusto y devoción que han tenido, háceme ver cuán poco entienden del camino por donde se alcanza la unión, y piensan que allí está todo el negocio. Que no, hermanas, no; obras quiere el Señor, y que si ves una enferma a quien puedes dar algún alivio, no se te dé nada de perder esa devoción y te compadezcas de ella;

y si tiene algún dolor, te duela a ti;

y si fuere menester, lo ayunes, porque ella lo coma, no tanto por ella, como porque sabes que tu Señor quiere aquello.

Esta es la verdadera unión con su voluntad,

y que si vieres loar mucho a una persona te alegres más mucho que si te loasen a tí.

Esto, a la verdad, fácil es, que si hay humildad, antes tendrá pena de verse loar. Mas esta alegría de que se entiendan las virtudes de las hermanas es gran cosa, y cuando viéremos alguna falta en alguna, sentirla como si fuera en nosotras y encubrirla.

5M3,11

Miremos cómo podemos amar de forma concreta a las personas con las que Dios bendice nuestra vida. Y ensanchemos el corazón mirando las necesidades de las personas a nuestro alrededor con la práctica de la limosna, de acciones solidarias con los más pobres, una de las prácticas a las que la Iglesia nos invita en esta Cuaresma.

En este enlace puedes conocer más sobre el tema: Santa Teresa nos enseña a amar. Video de la clase 

El sentido positivo del desasimiento

De acuerdo con el Padre Ciro García, gran maestro de la espiritualidad teresiana, el desasimiento o pobreza tiene un sentido positivo, ya que nos pone en movimiento hacia lo que deseamos: vivir cumpliendo la voluntad de Dios. Santa Teresa explica claramente que la renuncia a acumular riquezas no es elegir la miseria, sino sobre todo una práctica de libertad interior. Darnos cuenta de lo que nos ata y des-atarnos de ello nos ayuda a asar de la esclavitud del pecado a ser libres para amar y servir a los hermanos.

La virtud del desasimiento nos ayuda a ser libres para Cristo, de las siguientes maneras:

  1. La experimentamos al descubrirnos hijos de Dios, en relación con Él, fuente de la libertad verdadera
  2. Es liberación de nuestro ego, de nuestro amor propio por medio de la renuncia.
  3. Su expresión plena es la cruz de Cristo.
  4. Se expresa en el señorío de todas las cosas y el servicio a las personas.

 

En este enlace puedes conocer más sobre este tema: Libertad para amar. Video de la clase

 

El amor nos hará apresurar los pasos

el amor nos hará apresurar los pasos

Cuando comprendemos que nuestras renuncias y nuestros esfuerzos tienen un sentido, podemos animarnos a practicar con entusiasmo las virtudes grandes: amor, humildad y desasimiento. Quisiera invitarte a pensar cómo puedes practicar estas tres virtudes teresianas en tu día a día, pasito a pasito, esta Cuaresma. Este periodo de preparación para celebrar la Pascua es una invitación a apresurar los pasos para la unión con Dios, y solo podemos transitar ese camino animados por el amor.

Para orar

“Aquí está mi vida, aquí está mi honra y mi voluntad; todo os lo he dado, vuestra soy, disponed de mí conforme a la vuestra. Bien veo yo, mi Señor, lo poco que puedo, mas llegada a Vos, subida en esta atalaya adonde se ven verdades, no os apartando de mí, todo lo podré; que si os apartáis, por poco que sea, iré adonde estaba, que era el infierno”.

– V21,5

Señor Jesús,

aquí están nuestras manos

para acariciar y llenar

el mundo de ternura;

aquí están nuestros pies

para anunciar la alegría del Evangelio;

aquí están nuestros ojos

para apreciar tanta belleza;

aquí está nuestro corazón

para vibrar al son de la gracia;

aquí está nuestro cuerpo

para danzar con la música del servicio.

-Carmen Pardo Horno, stj

Bibliografía:

Álvarez, T. Santa Teresa de Jesús, obras completas. Editorial Monte Carmelo. Burgos, 2004.

García, C. Santa Teresa de Jesús, nuevas claves de lectura. Editorial Monte Carmelo, 2ª edición. 2014.

Morales Cueto, C.; Castro Yurrita, E. El amor nos hará apresurar los pasos. Editorial Santa Teresa. México, 2011.

 

 

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