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Un rasgo característico de la personalidad de santa Teresa es saber ser amiga y, por medio de sus libros, nos enseña a ser amigos de Jesús.

-Claudia Morales Cueto

No podemos comprender a santa Teresa sin su dimensión de amiga. Dicen quienes la conocieron en vida que era una mujer risueña, simpática, de conversación agradable. Ella nos narra acerca de sus primeros amigos, como su hermano Rodrigo, aquel con el que escapó a tierra de moros en su frustrado intento para ser mártires; o de Juana Suárez, la amiga que ya era monja en el convento de la Encarnación y por la cuál eligió profesar como monja en ese convento. Después, en sus escritos, vemos cómo la incipiente idea de fundar su primer monasterio nace en una tertulia entre amigas, en la que estaba su sobrina María de Ocampo, quien le pregunta si no se animaría a fundar un convento a la manera de las descalzas, para el que ella daría su herencia. En ese momento llegaba su amiga Guiomar de Ulloa, quien de inmediato mostró un apoyo entusiasta.

 

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Teresa nos habla hoy

El carisma de Teresa se ha mantenido vivo en sus libros. Así como antes se usaba hacer y mantener amigos por carta, es posible hacerse amigo de Teresa por medio de sus libros. Su estilo directo, con el que, como en el teatro contemporáneo, rompe la “cuarta pared” y se dirige directamente a sus lectores, genera interés y complicidad al mostrar sus dudas, ofrecer ideas, comparaciones o disculpándose por su atrevimiento. Teresa sabe generar interés y nos va enredando, conquistando, atrapando. Pero el objetivo de sus libros no es tanto que la miremos a ella, sino  darnos a probar los gustos de la oración, engolosinarnos y dirigir nuestra mirada a Jesús y al mundo, necesitado de los siervos del Amor.

 

2020, el año de la pandemia

Ni en la peor pesadilla me habría imaginado que un nuevo virus vendría a amenazarnos, encerrarnos y mostrarnos nuestra vulnerabilidad. Cuando la pandemia tomó más presencia en nuestro país, el pasado mes de marzo, hace ya seis meses, me pregunté qué palabra tendría santa Teresa para nosotros. Teresa ha seguido siendo mi amiga y maestra de vida en estas circunstancias insólitas, inimaginadas. Y ha sido también fuente de esperanza. Como lo dijo el Padre Tomás Álvarez cuando santa Teresa fue reconocida como doctora de la Iglesia, este reconocimiento no fue por méritos pasados, sino porque su mensaje no se ha gastado con el paso del tiempo, sino que sigue vivo y actual.

 

Salir dentro

Lo primero que vino a mi mente es la invitación de Teresa a “salir dentro”. En la conclusión del libro de las Moradas nos invita a recorrer nuestro castillo interior con toda libertad, pues no necesitamos el permiso de nadie para hacerlo. Los tiempos de confinamiento y de nueva normalidad nos han llevado a recorrer y ordenar de nuevas maneras nuestros espacios físicos, incluso a reconocerlos, pues muchos habíamos pasado gran tiempo fuera. Al enseñarnos que no estamos huecos por dentro y que Dios nos habita, Teresa nos da consuelo en este tiempo, en el que la soledad podría hacerse más aguda. Saber que puedo “salir dentro” es también una invitación  a elegir la actitud ante circunstancias que no puedo controlar, como cuando a ella se le ordenó recluirse a manera de cárcel en el convento de su elección. La santa hace un reencuadre, ejerce su libertad interior, y lo toma como un merecido descanso. Quizá, aunque extrañemos salir, este tiempo de “salir dentro” nos ha ayudado a apropiarnos de nuevo de nuestra propia casa exterior y de nuestra morada interior; a ser creativos, a tender puentes y convivir de nuevas maneras.

La oración como amistad

En el evangelio de días recientes escuchamos cómo Jesús pregunta a sus discípulos quién dice la gente que es. San Pedro exclama que es el Mesías. Para Teresa, Jesús es el amigo verdadero, el amor de su vida, siempre presente. Santa Teresa, doctora de la Iglesia, me da y nos da luz en estos momentos de oscuridad recordándonos que la oración es tratar de amistad con quien sabemos nos ama, que no es necesario hacer méritos, el amor ya está dado. Debemos cuidar las condiciones, pues nosotros somos los que ponemos barreras y distracciones al amor. Su invitación a entrar dentro de nosotros mismos y ser receptivos a Dios, quien nos habita, me dio ánimo y consuelo en estos momentos en los que las iglesias estuvieron cerradas y fue imposible la participación en la misa o los sacramentos. Dios nunca se quita de nosotros, es el amigo fiel y verdadero que nos acompaña siempre. La Iglesia no son los templos, sino nosotros, los creyentes.

 

El presente como el momento para recibir la gracia

Orar es entrar en contacto con la gracia en el momento presente. Cuando terminamos el 2019, no imaginábamos las sorpresas por venir. En la Exclamación IV Teresa se dirige al Señor diciéndole:

“Recuperad el tiempo perdido, con darme gracia en el presente y porvenir”.

Atender el momento presente, sin importar que sea difícil u oscuro, y confiar en que es un momento de gracia, nos permite convertirlo en un micromomento de amor, de receptividad y esperanza. Nos permite también sanar nuestra propia historia.

 

El conocimiento propio

Teresa subraya la importancia del conocimiento propio para poder orar. Fiel a la verdad, afirma que la oración siempre debe comenzar y terminar observándonos. Pero no es un conocimiento puramente psicológico, sino un conocimiento a la luz de Dios, que sana nuestras heridas, nos acepta y nos da esperanza. Pienso que todos, de una manera u otra, hemos tenido dudas y miedos en algún momento de los últimos meses. Conocernos nos ayuda a saber cómo reaccionamos. Conocernos a la luz de Dios hace ver nuestra fragilidad como la oportunidad de reconocernos como parte de toda la humanidad y, al mismo tiempo, con un llamado singular para hacer algo por el bien del mundo.  Mirarme a la luz de Dios también me ha ayudado a aceptar con humildad mis limitaciones, a aceptarme y tener más compasión conmigo misma, a abandonar las exigencias del perfeccionismo. La autoaceptación de la realidad personal es un buen abono para la humildad y la empatía. Conocernos nos lleva también a reconocer los talentos, esos que Teresa nos dice que no debemos esconder, sino compartir.

 

La llave de la gratitud

Los cambios y la adversidad muchas veces pueden despertar sentimientos de tristeza, enojo o miedo. Teresa dice de ella misma que siempre fue agradecida. En el libro de la Vida nos anima a despertar a la gratitud. Reconocer lo que hemos recibido y que hemos sido favorecidos, ensancha el corazón y despierta el deseo de corresponder. En estos tiempos difíciles, practicar la gratitud nos ayuda a dejar de lamentarnos y valorar lo que sí tenemos: nuestro hogar, los alimentos, la compañía de la familia o la posibilidad de trabajar o comunicarnos por medio de la tecnología. Ser agradecido también nos saca de una mentalidad de escasez y acumulación; es un antídoto contra la insatisfacción y el consumismo. La gratitud nos ensancha el corazón y nos anima a la generosidad.

 

La capacidad de reconocer el potencial

Una de las cualidades que más me gusta de santa Teresa es la capacidad que tiene de ver el potencial en cada persona. Reconoce que el talento que a veces está oculto, como una semilla; debe cultivarse y regarse con el aprecio. La primera comunidad de carmelitas descalzas estaba formada por un grupo de mujeres de diversos orígenes y capacidades, que se convierte en comunidad de crecimiento humano y espiritual en torno a Cristo. Me conmueve especialmente el caso de Ana de San Bartolomé, quien entra al Carmelo siendo una pastora analfabeta y dentro de la comunidad aprende a ser enfermera y, posteriormente secretaria y enfermera de la Madre Teresa. La santa fundadora reconoce su sentido común, sus virtudes y su potencial. En los años posteriores a la muerte de santa Teresa, Ana de san Bartolomé será, junto con Ana de Jesús, fundadora del carmelo descalzo en Francia y Flandes (Bélgica).

El aprecio, la capacidad reconocer los talentos actuales y potenciales de cada persona, elimina la comparación social y genera lazos de colaboración.

 

Crear comunidad

En esta época muchos de los mensajes que escuchamos están orientados a identificar “adversarios”. Nuestro instinto de supervivencia siempre está alerta a encontrar quienes pueden atacarnos y ponernos en riesgo. Podemos sentirnos amenazados por alguien que piensa diferente de nosotros, o por alguien que no guarda la sana distancia y no usa cubrebocas. Admiro cómo santa Teresa no huye del conflicto y es valiente, pero su valentía no se orienta a defender por medio de los ataques. Su valentía es moral y siempre se apega a la verdad para conciliar, dialogar, generar acuerdos y alianzas. Su capacidad de ser amiga se mantiene vigente aún en situaciones de conflicto.

Por otra parte, la mayoría de nosotros no estábamos acostumbrados a reducir nuestras interacciones sociales a nuestro pequeño círculo familiar. Las enseñanzas de vida en comunidad de santa Teresa se vuelven vigentes para los laicos en este momento: nos anima a evitar los enojos y dejarlos solo para cosas “recias”; a perdonar con facilidad; a evitar las “mayorías” o el favoritismo; a cultivar una actitud de servicio. Su consejo de amar y ayudar a todos los de la casa se vuelve vigente y contracultural en una sociedad que ha fomentado el individualismo. Su consejo de recreación en comunidad es una invitación a cultivar las conversaciones, recuperar las relaciones y re-conocernos en familia.

 

Siervos del amor

La pandemia causada por el coronavirus ha tenido un fuerte impacto en vidas humanas, en la economía, en la salud mental. Santa Teresa nos aconseja que al orar miremos y nos dejemos mirar por Jesús. Mirar a Jesús nos lleva a seguir sus ojos y contemplar cómo mira el mundo con amor. La mirada contemplativa llevó a santa Teresa a comprometerse para hacer “su poco” por el mundo y por la Iglesia. Mirar nuestra realidad, acompañada de Jesús y santa Teresa me ha permitido tener esperanza y fortaleza en los momentos oscuros, de temor o desánimo. Y también me ha permitido acompañar con cariño a quienes han sufrido pérdidas, a quienes tienen miedo o se sienten solos; o a celebrar con quienes en medio de la pandemia han tenido cumpleaños o logros. La mirada contemplativa y compasiva mueve el corazón a expresar el amor con obras, aunque sean pequeñas, para aliviar el sufrimiento de quienes estan enfermos, agotados, hastiados o con hambre. El amor, como dice santa Teresa, siempre está bullendo y pensando qué hará; no es para los rincones, sino que tiene el potencial de mejorar la vida propia, la de la familia y la de la sociedad. El mensaje de santa Teresa me anima a hacer mi poco, a expresar mis talentos como servicio, a mirar con aprecio y, sobre todo, a agradecer la vida como una oportunidad para aprender a amar.

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