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En la segunda morada, la persona tiene que luchar por mantenerse dentro del castillo. Para ello debe perseverar, animado por la esperanza y el naciente amor.

– Claudia Morales Cueto

El castillo es una metáfora de la vida en relación con Dios. Una vez que en la primera morada nos hemos dado cuenta de que somos sus hijos, creados a su imagen y semejanza, y podemos comunicarnos con Él, tenemos que elegir entre mantenernos dentro para profundizar en la relación, o volver a la dispersión de la vida anterior.

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La batalla por permanecer dentro

Santa Teresa nos dice que en la primera morada el orante era como un sordomudo y en esta sufre porque escucha pero no puede responder; es como un mudo en su relación con Dios (2). El habitante de esta morada se da cuenta de que Dios “es muy buen vecino” y no deja de llamarle aunque esté entretenido en sus pasatiempos y negocios, y aunque caiga en el pecado le invita a levantarse. Dios está deseoso de una relación con cada uno de nosotros, la experiencia ha mostrado a Teresa que “sabe aguardar muchos días y años, en especial cuando ve perseverancia y buenos deseos” (id), nos mira y nos remira para que volvamos a Él, como lo cuenta nuestra maestra en el libro de la Vida.

Batalla contra virus

En las segundas moradas, las imágenes bélicas, propias de su época, representan las dificultades de la vida ascética: golpes, artillería, la batería y la barahúnda que simbolizan la acción del demonio, de nuestro egoísmo o pereza. La pandemia que estamos viviendo es otro tipo de batalla, en este caso contra un virus. En muchas de nuestras sociedades modernas la guerra nos había quedado lejos. La situación de pandemia global puede hacernos reflexionar sobre el estado de alerta que se vive cuando hay una guerra, en este caso virológica. Para vencer es necesario perseverar, aunque estemos cansados, aunque hayamos repetido mil veces el lavado de manos o la limpieza de superficies. Para santa Teresa, a quien no le quedaba muy lejos en la historia la lucha por la reconquista de España, la imagen del castillo es la de una fortaleza segura, como ahora lo son nuestras casas, en las que podemos protegernos del contagio. La perseverancia puede ser cansada y tediosa, por ello necesita animarse con otras fortalezas de carácter, como la esperanza, que nos ayuda a visualizar un mejor futuro y nos ayuda a planear las rutas por las que podemos alcanzarlo; y el amor, que nos ayuda a esforzarnos por cuidar de quienes son cercanos a nosotros. Cabe también añadir que ninguna batalla importante puede ganarse solo, necesitamos trabajar en equipo y coordinadamente. En el camino de la oración tenemos la guía de Jesús y nos ayuda mucho tener una comunidad con la cual compartir la experiencia.

La pedagogía de Dios es la del Amor

Jesús y Teresa de Jesús

Teresa de Jesús vivió muchos años la indecisión de darse del todo al Todo. La razón no es suficiente para librar esta lucha, pues como señala nuestra maestra, la persona se da cuenta de lo efímero de las satisfacciones materiales, pero sigue andando “por casas ajenas” (4) comiendo manjar de puercos (Lc 15,16). Frente a esta lucha pone delante a Dios “lleno de misericordia y bondad, que no deja de llamarnos una y otra vez para que nos acerquemos a Él” (2). Sólo el darse cuenta del amor que recibe de Dios puede inclinar la voluntad hacia la reciprocidad, a volver al Padre. El camino de la espiritualidad teresiana es el de las exigencias del amor.

Los llamamientos

En estas moradas Jesús se hace el encontradizo, para animar a la persona a ser su discípulo. Los llamamientos son situaciones de la vida en la que la persona se da cuenta que Dios le habla, le llama, por ejemplo:

  • Oyen a gente buena,
  • Algún sermón o plática.
  • Buenos libros.
  • Enfermedades, dificultades, trabajos…

Quisiera invitarte a ver esta pandemia por COVID-19 como un tipo de llamamiento. La situación nos ha hecho cuestionarnos la forma en la que habíamos estado viviendo, lo que era o sigue siendo importante para nosotros, el valor que le damos a las cosas, el sentido de la vida, nuestra libertad. La pandemia nos ha trastocado completamente la vida y podemos vivirla como una invitación a ejercitar el amor o una amenaza que nos lleva a cerrarnos por el miedo.

En el camino puede haber tropiezos

Caída

El nombre que santa Teresa da a la perseverancia es determinación. Es una decisión firme, sobre la que no hay marcha atrás. Pero como este camino hacia el centro del castillo es un recorrido vital, habrá tropiezos, dificultades, resbalones y caídas. Ella nos dice que estas caídas son parte del aprendizaje, nos daremos cuenta de cuáles son nuestras tendencias de carácter, las formas en las que nos cerramos al amor y somos egoístas, lo difícil que nos resulta ceder o ser serviciales. La santidad es un camino y una manera de vivir, en la que aún somos principiantes. Recordemos que san Pedro, a quien Jesús tanto amó y a quien le confió la Iglesia naciente, también cayó, por miedo, negando su amistad con Jesús. El amor es lo único que puede vencer al miedo.

“No os desaniméis, si alguna vez cayereis, para dejar de procurar ir adelante; que aun de esa caída sacará Dios bien” (9).

La distracción en la oración

Como el habitante de las segundas moradas apenas comienza su relación con Dios, es probable que le cueste recogerse dentro de sí para hacer oración. Como dije anteriormente, el la primera morada era como un sordomudo y cuando pasa a la segunda morada se siente mudo para la oración. No sabe expresarse. Por ello es bueno recurrir a la oración vocal, los rezos que quizá aprendimos cuando niños, como el Ave María o el Padrenuestro. Podemos pronunciarlos despacio, poniendo el corazón en cada frase. Y no nos preocupemos si nos distraemos. Si la distracción es muy persistente, podrías intentar hacer oración por escrito, pues eso puede favorecer tu concentración. Santa Teresa nos consuela diciendo que Dios Padre valora nuestros pequeños intentos, aunque los hayamos hecho sin mucho esfuerzo:

.. con una verdad que enseña en esos ratos que estamos en la oración; sea cuan flojamente quisiereis, tiénelos Dios en mucho” (3).

La verdadera paz está dentro

Darnos cuenta de nuestra distracción es ya un avance. Antes vivíamos dispersos, fuera del castillo, pero sin consciencia de ello. La verdadera paz solo la encontraremos en nuestra morada interior:

“Cuando no viésemos en otra cosa nuestra miseria y el gran daño que nos hace andar derramados, sino en esta batería que se pasa para tornarnos a recoger bastaba. ¿Puede ser mayor mal que no nos hallemos en nuestra misma casa? ¿Qué esperanza podemos tener de hallar sosiego en otras cosas, pues en las propias no nos podemos sosegar?” (9).

Santa Teresa nos recuerda que no podemos entrar al cielo si no entramos dentro de nosotros mismos y que la puerta es la oración. El maestro es Jesús y nos invita a ser sus discípulos, a crecer en amistad.

“Ya os dije al principio, y el mismo Señor lo dice, que quien anda en el peligro en él perece, y que la puerta para entrar en este castillo es la oración. Pues pensar que hemos de entrar en el cielo y no entrar en nosotros, conociéndonos y considerando nuestra miseria y lo que le debemos a Dios y pidiéndole muchas veces misericordia es desatino. El mismo Señor dice: NInguno subirá a mi Padre sino por Mí; no sé si dice así, creo que sí; y quien me ve a mí ve a mi Padre” (11; Jn 14 6 y 9).

Para orar y reflexionar

La gracia o don de la segunda morada es descubrir que Dios nos llama insistentemente, por medio de lecturas, personas, experiencias y nos exigirirá una lucha sostenida y persistente para ir más dentro.

¿Cómo te llama el Señor? ¿Cómo es tu camino?

Escríbelo.

Dios valora tus pequeños esfuerzos y te ayudará a seguir adelante, confía en Él.

Recursos

Accede a la grabación de la clase de las segundas moradas

Descarga el libro de Las Moradas

Escucha el poema  de santa Teresa Nada te turbe, con Maite López

Orientaciones bíblicas

  • 1 Samuel 3, 1-11. 18-19. Samuel escucha la voz y responde.
  • Lucas 15, 11-32. El hijo pródigo vuelve al Padre.
  • Mateo 7,21-27. Es necesario cimentar nuestra casa sobre roca.
  • Jueces 7. Es necesario luchar como Gedeón en las batallas del Señor, con la confianza puesta en Dios superando los miedos y las debilidades personales.
  • Efesios 6, 10-18 / 1 Timoteo 6,11-16 / 2 Timoteo 2, 1-13. La vida espiritual exige lucha.

El libro Entra como puedas también puede servirte como guía en este camino hacia el interior de tu castillo.

Entra como puedas

Contáctame en: hola@amigosdeteresa.com

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