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El confinamiento, el miedo y la preocupación pueden volvernos irritables y poco considerados, aún con las personas que amamos. El perdón es el camino para reestablecer la paz.

-Claudia Morales Cueto

 

En las relaciones ideales, las personas nunca tienen desacuerdos ni pelean, por eso no es necesario el perdón. Pero lamentablemente, esas relaciones solo existen en la fantasía. La realidad es que mientras más cercana es una persona, mientras más convivimos con ella, es más probable que existan diferencias y desacuerdos. La pandemia nos ha llevado a convivir con más intensidad con nuestra familia o nuestra comunidad, tanto que a manera de broma unos se preguntan si para el siguiente confinamiento podrían cambiar de compañeros.

Mira el video de la clase en este enlace

La función de las emociones negativas

Aunque la frecuencia en el trato también favorece los momentos de alegría y de disfrute, la mayor parte de las veces reaccionamos con más intensidad a los desacuerdos, debido a que nos sentimos amenazados. El enojo, la tristeza y el miedo son emociones que se activan por nuestro instinto de sobrevivencia. Este año todos, en mayor o menor medida, hemos sentido miedo, nos hemos sentido amenazados por un pequeño virus, hemos tenido temor al contagio. Nos hemos sentido enojados o frustrados por no poder salir, por tener que cambiar los planes, por tener contratiempos en el trabajo. Nos hemos sentido tristes por la separación, por la enfermedad o por la pérdida de seres queridos. Las emociones negativas pueden protegernos, siempre que correspondan a la realidad. Las emociones son impermanentes y parte del conocimiento propio es aprender a observar nuestros estados emocionales en diferentes momentos.

 

Un mundo polarizado

Hemos visto también muestras de la polarización en el mundo y cómo esto genera violencia. Tanto en las noticias como en las redes sociales o en los chats, vemos muestras de intoleracia en diferentes temas, desde la política, la migración o la vacunación. Pareciera que se reducen los espacios de diálogo y solo se fomenta la confrontación, en donde cada uno solo escucha su propia posición. Hay mucha necesidad de reconciliación.

 

El perdón repara las relaciones

¿Tienes alguna amistad que se haya roto por un desacuerdo? El perdón es la fortaleza de carácter que permite reparar las relaciones y les da permanencia y continuidad.

Como fortaleza de carácter, el perdón es un conjunto de cambios prosociales que ocurren en un individuo que ha sido ofendido o lastimado por otra persona. Al perdonar, su motivación básica o tendencias de conducta respecto al transgresor se vuelven más benevolentes, amables, generosas y menos vengativas o evasivas (Peterson y Seligman, 2004).

El perdón es un proceso

El perdón es una manera de manifestar la misericordia, es decir, dar a los otros una segunda oportunidad, o pedir para nosotros una nueva oportunidad.

  • Es un don, un regalo, que se da y se recibe;
  • Es, por tanto, gratuito;
  • Es una decisión que lleva a un proceso. Todo acto de perdón comienza por una disposición a perdonar, pero hay varias etapas que pasar para que el perdón pueda manifestarse por completo.

Jesús nos invita a perdonar y a pedir perdón

Jesús y Teresa

Jesús nos enseña a amar y nos invita a perdonar a quien ha ofendido y a reconocer las faltas propias. No existe proporción entre nuestro perdón y el perdón de Dios, que siempre es más generoso y misericordioso. La capacidad de perdonar crece cuando el orante se sabe profundamente amado y perdonado por Dios.

Reconocer todos los días en qué hemos fallado, qué podemos hacer mejor y cómo podemos usar nuestros talentos y capacidades para mejorar es como el baño diario: nos renueva, nos permite comenzar de nuevo y rectificar el camino.

El perdón como ofrenda a Dios

”…perdónanos como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”

Jesús no dice que el perdón de Dios esté relacionado con cuántas penitencias o ayunos hagamos, con rezar o amarlo mucho y dar la vida por Él, sino con el perdón a quien nos haya herido, ofendido o sido injusto con nosotros.

Jesús conoce nuestra naturaleza humana y santa Teresa nos explica que “nos conoce por tan amigos de esta negra honra y como cosa más dificultosa de alcanzar de nosotros [el perdón] y más agradable a su Padre, la dijo y se la ofrece de nuestra parte” (C36,7).

El trato verdadero de amistad con Dios, prepara el corazón y ayuda al orante a determinarse a perdonar todas las ofensas; si no sucede así, “no hay que fiarse mucho de su oración” (C36,8).

Perdonar cuesta trabajo, pero es una manera concreta de entregar la voluntad a Dios; es también amar a la manera de Jesús.

“No puedo yo creer que alma que tan junto llega de la misma misericordia, adonde conoce la que es y lo mucho que le ha perdonado Dios, deje de perdonar luego con toda facilidad y quede allanada en quedar muy bien con quien la injurió” (C36,12).

El amor verdadero incluye el perdón

”Perdonar es dejar de odiar, y en consecuencia, es dejar de poder perdonar: cuando el perdón se ha cumplido, cuando está completo, cuando sólo quedan la verdad y el amor, ya no hay odio que interrumpir, y el perdón se extingue en la misericordia”.

– André  Compte-Sponville

En el video de la clase hay un momento de oración para practicar el perdón

Bibliografía

Álvarez, T. (2002). Santa Teresa de Jesús, Obras completas. Burgos: Editorial Monte Carmelo.
Compte-Sponville, A. (1996). Pequeño tratado de las grandes virtudes. Santiago de Chile: Editorial Andrés Bello. P. 129

Peterson, Ch.; Seligman, M.E.P. (2004). Character Strengths and Virtues. NY: APA, Oxford University Press.

 

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